DÍA D’ASTURIES

   ¿Hay algo que celebrar?

             Yo, en ese carácter comunitario que se le supone a la fecha, no encuentro nada digno de festejo, pero es que yo soy un grosero materialista y lo que celebro son logros contantes y sonantes, mejoras palpables o, cuando menos, puedo mostrar mi satisfacción por sentirme a gusto en una atmósfera ciudadana éticamente respirable. Y no es el caso. Aunque, ya digo, puede que ponga el listón muy alto: otros habrá que celebren una Asturies mítica o idílica llena de fabes y sidrina, de xanes y urogallos, de épica minera…

             ¿Qué Asturies vamos a celebrar?: ¿la del bipartidismo improductivo y corrupto de PSOE y PP, ese que facilitó la instantánea incorporación a la vida pública del invento FAC en torno a la figura del líder carismático? Igual el chascarrillo de chigre y las tiras cómicas de prensa se vieron favorecidos por el irresistible ascenso de Álvarez Cascos y su coro de lamedores, pues no es poca cosa otorgar protagonismo a personajes como González de Mesa o Carlos Rubiera, pero ser testigo del lento gorgoteo que sale de la garganta abierta de Foro a través de desengañados y huidos de la nave ya empieza a producir fatiga.

             ¿Celebramos entonces el regreso de la izquierda, de esa incombustible maquinona que es el PSOE asturiano, que, por mal que lo haga, nunca acaba de recibir el proporcional castigo a sus deméritos? ¿El PSOE del caso Marea, el que plantó tan poca batalla a los conciertos educativos con centros que practican la segregación por sexos, el de la absurda carrera docente “en blanco” que dañó la convivencia en los institutos y que luego se pretendió justificar con una ridícula ley de evaluación que no es más que un aprobado general? ¿El del sempiterno boss Fernández Villa y su antroxu de Rodiezmo? ¿El del pijerío a gran escala, bombo, platillo y despilfarro del Centro Niemeyer? (Por cierto: ¡qué poco se ha dicho en los medios de personajes como Natalio Grueso o José Luis Rebollo!) ¿El que le pone, en fin, puente de plata y chollo senatorial a un ex presidente con más lunares que una bata de cola?

        ¿Nos celebramos a nosotros mismos, ciudadanos mayormente inertes a los que todo el ruido y toda la furia se nos escapa a través de las redes sociales? ¿Festejamos que todavía seguimos centrando nuestra esperanza en la lucha de los mineros, que aún nos estremecemos con aquello de “sola en mitad de la tierra”, que parecemos tener más pasado que futuro…?

             Lo vuelvo a preguntar: ¿tenemos algo que celebrar?

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