ASUNTOS PROPIOS

Anda media población mosqueada con la otra mitad porque toca rebelión y parecen tan panchos. Qué se necesita para movilizar a esa masa abúlica, inquieren. Si esto fuera Francia, con este volumen de parados, estaríamos en las barricadas, aducen. A algunos les cuesta entender que la situación solo haya provocado como respuesta popular la del 15-M, que les parece lánguida. A otros les da la sensación de que mucha gente acata los mamoneos de políticos y banqueros como si de desastres naturales se tratara, como la granizada que arruina la cosecha.

Pero hay algunos responsables de los que tenemos nombres y apellidos y, aun así, nada. Esa mitad irritada contempla cómo algunos siguen sacando tajada de donde la mayoría solo obtenemos recortes y la falta de reacción hace crecer su enfado. Así no vamos a ninguna parte, protestan. Aquí hay demasiado súbdito, concluyen.

No ven o no quieren ver que, aunque ahora la mancha se haya extendido y llegado hasta nosotros después de un período de bonanza, las injusticias y desigualdades llevan ahí toda la vida, los mejor colocados se aprovechan y a los demás les toca pringar. Solo que aquí, en esta parte del mundo, igual se había logrado crear la ilusión de que casi no había pringaos, mientras que en otras, menos afortunadas, la convivencia con el desastre es un romance diario y peligroso.

Y, mientras tanto, la mitad –o las tres cuartas partes- de esa mitad ahora indignada y más o menos activa, vivía pendiente de asuntos propios, que son esos de los que nos cuesta tanto despegarnos: los de arriba no valoran mi trabajo, el chaval solo me aprobó dos, tengo que cambiar de coche, la vecina del quinto no me hace ni puto caso… Que es, me figuro, a lo que se dedica actualmente esa otra mitad aparentemente inmóvil y conformista: a sus asuntos propios.

Fastidia, lo entiendo, pero hay que convivir con ello y no desesperar. Tampoco hay que ponerse a desear que la cosa empeore para que más vayan saliendo de su letargo. Eso es de malas personas, hombre. Otra cosa es que señores elegidos para ocuparse de los asuntos de todos, como el presidente Mariano Rajoy, sigan poniendo tanto celo en sus asuntos propios y no terminen de aclarar si continúan percibiendo el sueldazo correspondiente a un registrador de la propiedad, actividad que no ejerce desde hace veintidós años.

Por cierto: esta mañana me he cruzado con la vecina del quinto en el portal y su mirada no me pareció tan hostil.

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