evolucionista

EL SEÑOR AL QUE LE GUSTABA QUE LA GENTE SE TIRASE POR LOS SUELOS DENUNCIA AHORA QUE CON LO DE CATALUÑA NOS ANDEMOS POR LAS RAMAS

 

DE LO PEOR SOLO ESTÁN PUESTOS LOS CIMIENTOS

Transcurrido un año desde que saliera al balcón de Génova para celebrar su triunfo electoral, Mariano Rajoy renuncia a las celebraciones, pero se queda más ancho que una avenida de Buenos Aires soltando que “quedan momentos muy difíciles, pero lo peor ha pasado”. Uno ya no sabe si es retranca o desfachatez, porque, efectivamente, desde la llegada al poder del PP ha ido pasando lo peor que muchos de nosotros hubiéramos sido capaces de imaginar y el presidente, aunque esa no fuera su intención, así lo reconoce en la ambigüedad de ese enunciado.

Solo la prepotencia del que mira en una única dirección –la de mantenerse en el poder apoyándose en aquellos para quienes lo peor no fue tan malo- explica estas declaraciones irrespetuosas y falsas como los brotes verdes en el sentido que Rajoy pretendía darles: los parados, más de cinco millones y medio ahora mismo, seguirán sin trabajo; la reforma laboral continuará favoreciendo estrategias abusivas, como la de Arcelor; el IVA rebañará nuestros bolsillos y dejará herido de muerte a un sector tradicionalmente débil como el cultural; los recortes en sanidad y educación propiciarán su entrega, cautivas y desarmadas, al sector privado; entrará en vigor una ley de educación troglodita, segregadora y mercantilista, porque eso que llaman mercado y que parece dictar todas las decisiones no entiende de sutilezas, nos quiere alternativamente consumidores y mercancías, los dos papeles que se nos permite representar, la esencia del ciudadano según los planteamientos neoliberales.

Mientras tanto asistiremos al rescate de los varados cetáceos de la banca y al perdón de los pecados, por parte del ministro Montoro, a los grandes depredadores con cuentas en paraísos fiscales. Y tendremos que escuchar y leer en los medios de comunicación esas blandas e ingenuas solicitudes de regeneración de la vida política nacional, como si esos articulistas, tertulianos y opinadores ignorasen que pedir eso a la casi totalidad de los que hoy están en los partidos y sindicatos mayoritarios es como pretender detener un incendio rogándole al fuego, por favor, que pare.

De lo peor solo están puestos –y muy bien puestos- los cimientos, pero se va a necesitar mucho tiempo para reparar el proceso de involución que se ha iniciado al cargar sobre los ciudadanos comunes todas las consecuencias de la crisis con el objetivo de liberar a los verdaderos causantes de la misma.