UNAS PALABRAS CON EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN

Anoche, cuando iba a acostarme, se me apareció el Espíritu de la Transición. No se crean que lo reconocí sin más. Fue él quien, después de un ulular poco estridente, declaró con tremenda voz de locutor de catástrofes: soy el Espíritu de la Transición. Así, con mayúsculas.

-Pues no sé qué cojones haces en mi casa –protesté.

-Estoy de gira promocional por todo el Estado, incluida Cataluña.

-A ti lo que te pasa es que vas crecido porque te andan convocando sin parar: el Rey, Felipe González… Y claro, ectoplasmizaste así, a lo bobo… ¡Anda, quítateme de delante!

-Juntos podemos –soltó el fantasmón.

-¿Por qué será que esto siempre lo dicen los que van instalados en trasatlánticos de lujo a quienes están a punto de hundirse con sus botes agujereados?

-Ya sé que os faltan políticos de altura, pero…

-Pues Rubalcaba es larguirucho… Mira, no pierdas el tiempo conmigo: son épocas distintas, sencillamente, y de aquella todos éramos más jóvenes y teníamos más esperanza, pero tampoco hay que mitificar.

-Juan Carlos estaba en forma.

-¡Con Nesquik, no te jode!… El Rey siempre necesitó palmeros: el otro día fue Hermida, pero en su momento le tocó a Victorita Prego, que lo retrató como el puto cherif de la transición.

-Había un entusiasmo que…

-A mí el entusiasmo me llegó hasta el 82: después del conglomerado de contención que fue la UCD, el PSOE mostró enseguida el colmillo largo y retorcido y abrió sus puertas a un amplio desfile de oportunistas… Y así, hasta hoy mismo.

-Los discursos, los debates, los proyectos… ¡Europa!

-Europa es un monstruo construido en las alturas de los despachos, lo único que se consiguió fue darles más campo para pacer a los ricos… En cuanto a la oratoria, no te voy a negar que había más nivel, pero es que desde hace mucho los partidos, por su modo de funcionar, por su falta de democracia interna, propician la fuga de cerebros hacia otros ambientes más sanos donde se premie la inteligencia y no el servilismo… Y no olvides que fue el gracioso de Alfonsito Guerra quien puso la primera piedra para que las confrontaciones verbales se desarrollen de la manera a que en la actualidad nos tienen acostumbrados: insultos, descalificaciones y gilipolleces tuiteras.

Llegados a este punto en que me había dejado arrebatar por el cabreo, volví a fijar la mirada en el fantasma: el cabrito había encogido de lo lindo, hasta reducirse al tamaño de un click de famobil, milímetro arriba o abajo. Decidí ir a la cocina a por un tarro de mermelada. Cuando le pasaba por encima, con todo el cuidado del mundo para no estrapallarlo, exclamó con voz de pito:

-¡La-la movida!

Volví de la cocina con el tarro vacío y lavadito en una mano y la tapa en la otra.

-¡Venga, no me jodas!… ¡Claro que me lo pasé bien: tenía dieciocho años en el 80!

-¿Lo-lo ves?

-Santiago Auserón mola, pero las mamarrachadas de Alaska y el Alice Cooper escuchimizado de Famosa me ponen de los nervios… Y, ya puestos, no soporto los melodramas abstractos que hace ahora Almodóvar.

Me agaché y con la tapa, suavemente, empujé al diminuto espíritu hacia el interior del tarro. El pobre no ofreció resistencia. ¿Sería el auténtico Espíritu de la Transición?

En todo caso voy a pedir un rescate.

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