rubalcar

rubalcar. (De origen poco preciso) intr. Estar sin estar, no estar estando, pasar sin pena ni gloria. (Estuvo rubalcando un tiempo al frente del partido de la oposición, pero ya nadie se acuerda de él) || 2. Pronunciarse sin molestar. (Rubalcaba un día sí y tres no sobre lo de Bárcenas y al final ya nadie le hacía caso) || 3. Creer sin convicción, apoyar de boquilla. (Su partido era parte importante del problema, así que él se limitaba a rubalcar por la regeneración) || a la rubalcaba. loc. adv. Como quien no quiere la cosa (y, efectivamente, no la debe de querer). || rubalca y vence. expr. fam. Se aplica a quien emplea la estrategia de estarse quieto como modo de permanecer. || Gato rubalcante no caza rajoyes. refr. El reticente se queda sin almuerzo.

RESUMEN APRESURADO DE LA COMPARECENCIA DEL SERENÍSIMO MARIANO

Vamos a actuar con transparencia, rigor y diligencia máximos (vamos, que hasta ahora la santísima trinidad debía de estar bajo mínimos). Voy a colgar en la página web de La Moncloa mis declaraciones de la renta y patrimonio (en donde están recogidas, por supuesto, cualesquiera ganancias obtenidas de modo irregular, ¿verdad?). Todo es falso (la táctica de Bart Simpson y de cualquier niño pillado en falta: yo no he sido). Son para mí un motivo de zozobra y de desazón las insidias de quienes piensan que tienen algo que ganar (echemos un borrón: los tramposos son otros). Hay una trama construida a través de filtraciones dosificadas de datos (se ha puesto en marcha un contubernio para desalojarnos por las malas porque en las urnas salimos ganando y les jode). No quiero pronunciar una palabra más alta que otra (tranquilo: fuiste el sinsustancia de siempre y esta vez sobreactuado para dar impresión de serenidad frente al acoso de que estás siendo víctima). Yo sé ganarme la vida, oigan, que soy registrador de la propiedad y pierdo dinero con la política (lo primero no lo dudamos; de lo segundo, al parecer, sigues chupando pese a que no ejerces desde que reinó Carolo; lo tercero no se lo cree ni el más pelotillero de tu séquito, qué sé yo, ni el que te sacude la caspa). Quiero cambiar las cosas (como dirían Alberto Comesaña y sus Semen Up: “lo estás haciendo muy bien, muy bien”). El Gobierno tiene un rumbo marcado (lo sabemos, lo sabemos: privatizar a mansalva y favorecer a los amiguinos de siempre). De todo este sacrificio, ya se verán los frutos (sí: altramuces para unos y melones para otros). Se están empleando técnicas de agitación para desestabilizar el partido (di que sí, que la izquierda siempre emplea maliciosamente la agitprop, que eso lo sabe hasta Carlos Rubiera, y con un éxito devastador: de momento nada menos que dos concejales del PP han dimitido en todo el Estado: Eduardo Junquera en Gijón y otro en Galdácano… Y es que muy pocos se atreven a moverse y no salir en la foto). El líder de la oposición comete un acto de irresponsabilidad al sumarse con sus declaraciones a esta campaña cuyo fin es crear un clima de inestabilidad en el país (seguimos emborronando, ¿eh, Mariano?: sabes que dispones de medios -de comunicación- que tocarán las palmas a ese ritmo y también cuentas con la escasa simpatía de que gozan los otros entre una gran parte de la ciudadanía que está hasta las narices de unos y de otros: son todos iguales y a río revuelto todo parece moverse, pero yo sigo en mi sitio). Si por la sombra de la sombra de un indicio manipulado se monta este pifostio, este va ser un país inhabitable (lo que lo hace inhabitable es la sospecha permanente de que nos tomáis el pelo y os repartís lo de todos, pero, vamos, algo más consistente y tangible que sombras sí que tenemos, ¿no?: por seguir con la tinta, yo diría que tenemos por lo menos un borrón, oscuro como la más negra sombra, eso sí, porque las anotaciones parecen ser de mano del que fue tesorero del partido… Y al que se extrañe de que puedan existir estas anotaciones, recordémosle de quiénes estamos hablando: de seres muy chungos, que desconfían unos de otros y que, llegado el momento, querrán disponer de algo con que hacerse valer: no van a hundirse solos). Acabo en plan buenín y defiendo la política como una actividad noble y digna (estamos de acuerdo: si nobles y dignos fueran quienes la ejercen).