MIEDO

Pasamos de que se nos asegure que lo nuestro no es equiparable a lo de Chipre a que De Guindos amenace con el riesgo del contagio si los chipriotas no pasan por el aro. Los matones que controlan el patio son arbitrarios y, la verdad, parecen no tener ni puta idea. Acojonados, nunca sabemos si toca palo o zanahoria, brotes verdes y crecimiento para el año próximo o más desmoronamiento y apocalipsis caníbal.

Al final uno piensa que están puestos ahí para asustar y vigilar, para torturarnos y explotar nuestro miedo y la inseguridad en la que estamos instalados. Si algún día los pudiéramos llevar a juicio, podrían aducir que cumplían órdenes, como cualquier oficial nazi de medio pelo que hubiera desempeñado sus funciones en un campo de exterminio.

Por mucho que pretendan dar explicaciones, al común de los mortales lo que le queda es la sensación de que todo es caprichoso, de que lo de ayer no vale para hoy y de que mañana será otro cuento, de que nos utilizan como peones para defender un fortín en ruinas. Con la complicidad de los medios de comunicación se tejen fábulas que destacan las particularidades negativas de cada socio de esta Europa mal urdida y evitan cuidadosamente incidir en los males globales: la avaricia de los bancos y el fracaso del euro.

Y así como el pequeño negocio paga a la mafia a cambio de protección, porque el sistema es así y no se cuestiona a no ser que tengas muchas ganas de cruzarte con la trayectoria de una bala, pagamos los desperfectos que otros han causado para apuntalar una organización que se irá ocupando cada vez menos de nosotros y a la que ya no le vemos la razón de ser, pero que seguimos manteniendo por puro miedo.

Al final, el único argumento es el miedo, pero dicen de él que es muy poderoso.