SUCESIÓN

Marina Berlusconi suena como sucesora de su papi Silvio al frente de Pueblo de la Libertad, lo que deja claro que cada vez más los partidos funcionan como empresas que se pueden heredar como si tal cosa. Dos siglos y cuarto después de la Revolución Francesa todavía observamos la fuerte propensión de algunos a comportarse como reyes y de muchos más a ejercer de súbditos lameculos. A lo mejor lo llevamos en los genes.

Presidenta del grupo editorial Mondadori, miembro de los consejos de administración del banco Mediolanum, de Medusa Film, de Mediaset y de Mediabanca e inmortalizada durante una juerga en un club de Mónaco en unas fotos de 2009 en las que se aprecian su borrachera y sus pezones, parece decidida a ocupar el lugar de Il Cavaliere, sepultado por una marea de casos y dicen que apuntillado por el llamado Ruby, de la modalidad sexo con menores, cuando en realidad lo que seguramente lo hundió fueron sus declaraciones amenazantes sobre la salida de Italia del euro. Para sustituir con garantías al defenestrado,  Marina está estudiando política con el profesor Paolo del Debbio, uno de los fundadores de Forza Italia, anterior engendro de Berlusconi.

marina pezonne

Así, con unas clasecitas particulares, Marina se pondrá al día, aunque lo primordial, como ya se encargan de subrayar los aduladores de turno, lo aporta ella y seguro que en gran medida se debe a las virtudes que su padre le ha transmitido. ¿Qué coño le podrá enseñar el profe que no haya aprendido del viejo cabrón o de su práctica como aguerrida empresaria?

Porque lo que va a hacer la Berlusconi es pilotar otra empresa, ni más ni menos, una empresa que venderá humo y eslóganes tontorrones a cambio de votos con los que poner a salvo sus intereses y los de su camarilla. Y si le faltan información y conocimientos, nos ofrecerá el gracioso espectáculo de algunos patinazos o recurrirá a un corro de asesores bien pagados.

A esto hemos llegado: conscientes de que hoy por hoy una actividad pública verdaderamente democrática pasa por proteger a los ciudadanos de los excesos caníbales del ultracapitalismo, los representantes de esas fuerzas depredadoras se apoderan de la política o delegan en serviles empleados. Los casos de corrupción brotan como setas porque el descaro es cada vez mayor, ya que el lentísimo avance de la justicia provoca que la acumulación genere insensibilidad o indiferencia en la ciudadanía, ya bastante sedada de por sí.

Claro que esto pasa en un país como Italia, con partidos que llevan nombre de canción hortera o de grito de tifosi, y no en España, donde los partidos mantienen nombres históricos tan serios como Partido Socialista Obrero Español o pretenden aparentar un aire de civilizada derecha europeísta bautizándose como Partido Popular.